Buenos Aires, 2 de Julio 2008 (CROSIND)

OPINIÓN
1º de julio del 74

Por ANTONIO NATALIO BASSO (*)

Hace treinta y cuatro años, un primero de julio de 1974, el corazón de millones de argentinos abrazados a una gran causa, vivimos “el infarto” político y doctrinario porque el corazón del gran líder Juan Domingo Perón se había detenido, dejando abierto un gran horizonte de conocimientos y sabiduría ideológica y doctrinaria como legado para que las generaciones del futuro lo asimilaran, lo comprendieran y lo transformaran en hechos a favor del pueblo argentino, y como una referencia de Justicia Social para los pueblos del mundo.
A partir de ese momento, el juego de los intereses del poder se hizo gobierno con las armas de los militares o de las alternativas ideológicas que pugnaban por “territorios liberados”. Después, en el año 1982, surgió la increíble aventura de recuperar la soberanía sobre las Islas Malvinas junto con el reguero de muertes juveniles por irresponsabilidad del gobierno militar. Luego llegó el levantamiento de la vida política y la asunción de los radicales, con la consigna de que “con la democracia se educa, se trabaja, se cura”. Más tarde vendría el “síganme que no los voy a defraudar”, y más adelante llegaría“la alianza” y el desborde que nos proyectó al siglo XXI como un huracán devastador.
Soy un enamorado de la cultura popular y por ello la sintética introducción de esta columna sobre la etapa contemporánea de la política nacional, a algunos compañeros le pueda parecer irreverente, pero debo confesar que así lo siento. Creo que los argentinos, algunos por intereses globalizados que operan en el país, otros por desidia, y muchos por no asumir posiciones organizadas y nacionales para defender lo nuestro, hemos permitido una grosera transferencia del patrimonio celeste y blanco a manos e intereses extranjeros.
A treinta y cuatro años de la muerte física del General Perón, los argentinos no somos dueños ni del petróleo, ni de la minería, ni de la plataforma submarina, ni de empresas aéreas o marítimas, y hasta se han adueñado de muchas de las cuencas de agua dulce que representa el “oro azul” del futuro de la humanidad.
La verdad es que somos parias en nuestra propia tierra. Esta dura definición nos está señalando que el legado del General Perón de que las generaciones políticas defendiéramos y proyectáramos una Argentina justa, libre y soberana, para nada se ha cumplido aunque en estos últimos años el Peronismo esté efectuando algunos intentos de poner de pie al país.
Como dirigente obrero, en función de los intereses sociales que representamos me gustaría que el Peronismo, que hoy es gobierno en muchas de las franjas del poder, pusiera en marcha en forma urgente un pacto social y una concertación nacional que pudiera contener o cobijar las expectativas de millones de argentinos que aspiramos a vivir en un país distinto, que si es distinto será porque ya no habrán tantos pobres, marginados, desocupados o sufriendo las inclemencias del trabajo no registrado.

(*) Antonio Natalio Basso, histórico dirigente sindical rosarino de la “primera hora”, Secretario General de la Unión de Sindicatos de la Industria Maderera de la República Argentina (USIMRA).

 

 

 

 

 

 
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