Buenos Aires, 2 de Julio 2008 (CROSIND)

El diálogo de Perón
con el campo

Por Oraldo Britos (*)

Siempre los sentimientos políticos de los hombres son enriquecidos por los ejemplos que la historia nos ha dejado. Los peronistas, que no escapamos a esa generalidad, exploramos cómo Perón participaba en cada uno de esos debates, y para el caso del campo contamos con una veintena de documentos que demuestran una actitud persuasiva y responsable.
En principio, cuando mediante un decreto estableció el Estatuto del Peón en defensa de los derechos de los trabajadores del campo, no olvidemos que estábamos en 1943 y este joven Coronel desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social asumió, desde adentro y desde afuera de su gobierno, con éxito la dignidad del peón rural.
Repasemos en los párrafos siguientes de esta columna aquel diálogo de Perón con el campo argentino. Cabe que reflexionemos y tengamos la capacidad suficiente por estos días difíciles, para buscar entendernos entre todos. Enfrentarnos solo pone en evidencia el no saber apreciar la sabiduría del hombre que a través de su doctrina nos dignificó.

En un reportaje que en 1966 en Madrid le hace Tomas E. Martínez, Perón explica con profunda claridad de conocimientos que los motivos que lo llevaron a tomar esta iniciativa eran para él los hombres más explotados. En aquellos tiempos existía una oligarquía que se había adueñado de millones de hectáreas que habían pertenecido a nuestros hermanos los indios.
El 8 de agosto de 1945 inauguraba el Consejo Agrario Nacional y en su exposición Perón decía: “Hablo al agro argentino bajo la advocación de nuestro lema de reforma agraria; la tierra no debe ser un bien común sino un bien de trabajo. Hablo a todos los trabajadores del campo y de las ciudades para anunciarles que, a la reforma del trabajo en las ciudades ya iniciada con el auspicio de los trabajadores, comenzamos hoy la reforma del trabajo rural que esperamos que cuente con el  mismo auspicio que la primera. Hoy deben estar de pie los que trabajan, sean ciudadanos o campesinos, porque la solución integral será la solución de todos. La reforma rural debe solucionar la vida y el arraigo de millones de campesinos, y hacia ella vamos llenos de fe y con la inquebrantable voluntad de realizarlo”.
El 29 de marzo de 1947, Perón juntamente con el ministro Miguel Miranda, recibía, en el salón blanco de la Casa de Gobierno, a la Federación Agraria Argentina. Una de las cosas que debemos de destacar es que durante esta audiencia se produjeron diálogos de Perón, Miranda y los representantes del campo, es decir se iban conformando entre las partes lo que más le convenía a los intereses del país. Perón expresaba lo siguiente: “Gobernar es prever, y la previsión impone que en la solución de los problemas de un país se tenga en cuenta que unos no pueden ser independientes de los otros. Hay un ciclo económico que el país debe respetar, que es la producción, la industrialización, la comercialización y el consumo. Cerrado ese ciclo, cada una de esas operaciones está ligada a las otras. De nada valdría a los chacareros producir si en el país no hubiera consumo, o la exportación no insumiera el remanente de su producción, porque entonces no podrían ellas consumir todo el trigo que tuvieran. El Estado debe, pues, encadenar esas cuatro operaciones. Este encadenamiento implica que debe darse al problema del agro una solución nacional”.
El 8 de setiembre de 1948, Perón concurrió a la ciudad de Esperanza a la inauguración de la escultura del Agricultor. Lo rodeaban todas las entidades representativas del campo, y en su discurso Perón decía: “Señores, la agricultura… yo he dicho muchas veces que la riqueza  sale de una sola parte, de la tierra… Es allí de donde se arranca la riqueza.” En otro párrafo nos señalaba: “La agricultura, hasta nuestros días había recibido un pago miserable a su esfuerzo, porque la materia prima debía ser totalmente exportada al extranjero. Recién ahora estamos valorizando la riqueza agrícola del país, y he de dar en el curso de esta conversación cifras y datos que evidencian cuanto acabo de afirmar”.
En esa larga exposición, Perón hablaba de la compra de los ferrocarriles y los buques mercantes para exportar nuestras cosechas, y de la importancia que había adquirido el IAPI en la comercialización de la producción, lo que le permitía al Estado avanzar con el plan de 500.000 viviendas, caminos, escuelas, universidades, energía, hospitales y comunicaciones”.
Son muchas las veces que Perón se refirió a este tema. Sería largo de exponerlo, pero al menos vamos a recordar la reunión en la Casa de Gobierno con las entidades del campo el 25 de octubre de 1973, cuando Perón nos decía que esta bendita tierra en el año 2000 iba a darle de comer a más de 350 millones de personas en el mundo y que las reservas de agua nos asegurarían  el mejor de los futuros. También nos contaba una anécdota. “Recuerdo que en ese entonces me contaba un galense, de esos que tenemos en el Chubut, que en su pueblo había un reloj con cuatro caras, que giraba y que cada cuarto del día aparecía una figura. Primero aparecía el pastor, y decía: yo cuido vuestras almas. Giraba otras 6 horas y aparecía el abogado, que decía: yo cuido vuestros derechos. Giraba otras 6 horas más y aparecía el gobernante, diciendo: Yo gobierno para una vida ordenada. Y daba otra vuelta y aparecía el agricultor, que decía: yo soy el que pago a los otros tres”.

(*) ORALDO BRITOS ES SENADOR Y DIPUTADO NACIONAL (CON MANDATO CUMPLIDO) Y ACTUAL MIEMBRO DE LA COMISIÓN LEGISLATIVA RURAL DE LA UATRE

 

 

 

 

 

 
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